Urbanismo feminista y cuidado comunitario en Sucre, Bolivia
El Mercado San Antonio, en el distrito 5 de Sucre, es mucho más que un lugar de venta. Es un espacio donde cientos de mujeres sostienen la vida cotidiana de sus familias y de la ciudad. A partir de esta realidad nació el proyecto “Voy al mercado, no me tardo”, una experiencia colectiva que transformó el mercado en un espacio de cuidado, derechos y organización comunitaria, desde la mirada del urbanismo feminista.
Esta experiencia demuestra que los mercados populares no son solo infraestructuras económicas, sino territorios vivos, donde se construyen redes de apoyo, memoria, autonomía y resistencia.
¿Por qué el mercado?
Durante la pandemia, muchas mujeres comerciantes no podían acceder a servicios legales o psicológicos por falta de tiempo, recursos o confianza en las instituciones. El mercado —donde pasan gran parte de su vida— se convirtió en el único espacio posible para acompañarlas.
En lugar de pedir que las mujeres salieran del mercado, el proyecto hizo lo contrario:
llevó los derechos, el cuidado y el acompañamiento al corazón del mercado.
¿Qué se hizo?
A lo largo de cuatro años (2020–2024), más de 80 mujeres participaron activamente en un proceso comunitario que integró lo social, lo emocional, lo ambiental y lo urbano.
Entre las acciones principales se desarrollaron:
- Círculos de cuidado y saberes, donde las caseras compartieron experiencias, conocimientos y apoyo emocional.
- Acompañamiento psicológico y legal, dentro del propio mercado, en un espacio seguro y de confianza.
- Actividades culturales y artísticas, que fortalecieron la identidad colectiva y el sentido de pertenencia.
- Gestión comunitaria de residuos, a través de un sistema de compostaje artesanal.
- Espacios de memoria, donde las mujeres narraron su historia, su migración y su lucha cotidiana.
Un mercado que cuida el ambiente
El mercado genera grandes cantidades de residuos orgánicos. En lugar de verlos como basura, las caseras aprendieron a transformarlos en abono mediante compostaje, creando un modelo de economía circular.
Este proceso:
- Redujo el impacto ambiental
- Generó conocimientos prácticos
- Abrió nuevas posibilidades de ingreso
- Fortaleció la apropiación del espacio
El residuo dejó de ser un problema y pasó a ser un recurso comunitario.
El cuidado como práctica política
Uno de los mayores logros fue la creación de una Plataforma de Apoyo y Cuidado Emocional dentro del mercado. Allí, muchas mujeres hablaron por primera vez de situaciones de violencia que habían vivido en silencio.
El acompañamiento colectivo permitió:
- Romper el aislamiento
- Recuperar la confianza
- Fortalecer la autonomía personal y económica
- Construir redes de apoyo entre mujeres
El mercado se consolidó así como un refugio físico y simbólico.
Aprendizajes urbanos
Esta experiencia dejó una lección clara para el urbanismo y la arquitectura:
los espacios no se diseñan solo con planos, sino con las personas que los habitan.
Las caseras adaptaron el mercado a sus necesidades con plantas, colores, objetos y gestos cotidianos, demostrando que la ciudad se construye desde abajo, desde la vida diaria.
El Mercado San Antonio se convirtió en una infraestructura del cuidado, un modelo replicable para otros mercados y ciudades.
¿Por qué inspira esta experiencia?
Porque muestra que:
- El derecho a la ciudad también es el derecho a cuidar y ser cuidado
- Los mercados populares son laboratorios de innovación social
- Las mujeres producen ciudad todos los días, aunque no siempre sean reconocidas
- La sostenibilidad solo es posible cuando nace de la comunidad
Proyección
La experiencia fue sistematizada en un manual metodológico, pensado para replicarse en otros mercados de Sucre y aportar a políticas urbanas con enfoque de género, cuidado y sostenibilidad.